Esto lo arreglo en dos patadas

Sentido común es indignarse cuando te toman por tonto.

Sociedad Enferma

Hola de nuevo, estimados sufridores de mi incontinencia aplastateclas. Les aseguro que los rumores sobre mi fallecimiento eran de lo más exagerados. Es más, tras introducir todo aquel titanio que me introdujeron en el cuerpo me encuentro bastante menos cabreado de lo que me encontraba. Probablemente esa sea la razón por la que cada vez me prodigo menos en este cajón de botellines virtual al que de vez en cuando me subo a soltar paridas. Pero claro, la cabra tira al monte y el perro vuelve a oler su propia… Creo que me estoy dejando llevar por la nostalgia.

El caso es que venía yo a dejar mi nada cultivada opinión sobre el fregao du jour que tenemos entre manos: El ébola. Y, salvo que sufra uno de los casos más fulminantes del mismo que el mundo haya conocido, lo voy a hacer. No digan que no se lo avisé.

Permítanme partir de la premisa -evidente, en mi opinión- de que los miembros del Gobierno actual están más preparados que los miembros del Gabinete de Zopenquero, que desde ahí voy a intentar llegar a la conclusión de que el título de la barbaridad de hoy no está puesto a boleo. Voy a aprovechar que el virulillo pasa por Madrid, también, porque me viene bien y porque me da la gana. Soy así de chulo. Allá voy, agárrense.

Se ha dicho siempre que Marianín el Babas maneja de forma magistral los tiempos, y hacia el final del verano ya sabía él de sobra que faltaban meros centímetros para que el infame Gallardón (mucho más preparado que quien cojones fuera ministro de justicia en la era zETAp, he conseguido olvidarlo) diera el paso final antes de perder pie y colgarse de su idiótica, retrógrada, absurda y gilipollesca reforma de la simplemente criminal ley del aborto que los sociatas nos dieron a tragar durante sus ocho años de traición continuada a España. Sabía también el deportista (mucho más preparado que el alunado rojo, utópico y feminista anterior) que la parte más meapilas de su electorado se iba a quitar el cilicio y se iba a liar a hostias de las no consagradas con él por no devolver las cosas a peor aún de como estaban hace ya treinta años. Me malicio que el colega pretendía quedar de más papista que el Papa repatriando a los dos religiosos infectados de ébola para minimizar el efecto de la defenestración del gallardo personaje unos días después. Desconozco si ha obtenido el efecto deseado o no, puesto que los ambientes religiosos los frecuento desde la seguridad del bar cuando tengo que acercarme a alguna boda, bautizo, comunión o funeral, pero el intento era bueno.

Con lo que no contaba Mr. Plasma era con que una pobre enfermera (voluntaria, encima) resultara contagiada del dichoso virus y que encima el asunto se tratase por los servicios sanitarios públicos como la mayoría de cosas se tratan por los servicios sanitarios públicos: De puta pena. Es aquí cuando resulta que la jugada maestra se le pare por las costuras y ahora se encuentra con un embolao de padre y muy señor mío. Y entonces dice que esto lo arregla él en dos patadas y le dice a Mato (mucho más preparada que Leire, dónde va a dar) que salga a dar explicaciones. Y sale Mato, con su ideal nombre para ministra de Sanidad, rodeada de profesionales de la sanidad pública, es decir, de lamer culos, trepar y mangonear en esa elefantiásica organización, vestida de negro como si alguien fuera a palmar en los próximos diez minutos y nos dicen… nada. Porque a pesar de su preparación, y de todos los expertos, no saben todavía nada. No había terminado todavía la comparecencia y el galletómetro ya se salía de la escala. Menuda es la izquierda cuando ve que el enemigo cojea. Son implacables. Sin escrúpulos, ni principios, ni la más mínima capacidad intelectual, pero con una facilidad para la blitzkrieg mediática que pasma.

Que la señora del impropio nombre para su cargo debería estar en su puta casa hace años no lo discute nadie. Siquiera por decencia, por no haberse enterado de que su marido se lo estaba llevando crudo y por eso la niña tenía esos fiestorros y por eso había esos coches que había en el garaje familiar. Si alguien no es capaz de controlar lo que ocurre en su casa, como coños va a controlar lo que ocurre en una comunidad de vecinos. Mucho menos si la comunidad de vecinos tiene a unos que van del bracete de los que pegan tiros y a otros que se dedican a robar todo lo que no está clavado y hasta el cinco por ciento de lo que se vaya a clavar. Vamos, que me da que el de las barbas la va a sacrificar no tardando mucho. Y hará bien. Por las razones equivocadas, pero hará bien. Si es que lo hace, que tampoco es que sea muy amigo de hacer nada. A saber. Los designios de Mariano son inescrutables.

Antes incluso del contagio de esta buena señora, la izquierda al dente ya andaba con los pantis hechos un nudo berreando en contra de la repatriación de los religiosos (señores dignos de toda mi admiración, y seguro que mejores personas de lo que yo llegaré a ser nunca) porque lo que iban a hacer estos fachas meapilas del PP era meternos al enemigo en casa. Nos iban a matar a todos por culpa de unos putos curas. Que claro, al ser curas, merecían morir porque sí, porque el clero opresor, porque el franquismo y porque… Ya saben, no les voy a repetir todos los manidos mensajes guerracivilistas de toda esta banda de ignorantes, basta con que enciendan la tele y pongan La Secta un rato.

Total, que tenemos un Presidente del Gobierno tan desaparecido como siempre, un Ministro de Justicia dimitido de nefasta ejecutoria sustituido por otro de aún más dudoso pelaje, una Ministra de Sanidad mucho más preparada que su antecesora pero tan inútil o más que ella, a una señora contagiada de un virus cabrón pasando las de Caín aislada en el hospital, al marido de la señora también aislado y todavía no se sabe si contagiado o no, a un montón de africanos muriendo como chinches porque viven como chinches, a dos señores que intentaban salvar la vida de los antes mencionados ya incinerados… Y a todos los corazones sangrantes que pueblan este bendito país golpeando las puertas del palacio de invierno porque, agárrense las partes pudendas porque se les pueden caer al suelo, las autoridades sanitarias han decidido sacrificar al perro de la pareja contagiada para evitar un vector de contagio. Mientras todo lo que no sea el perro se la sopla, por supuesto.

Ahora, si pueden y tienen lo que hay que tener, me niegan que esta sociedad está enferma.

 

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