Esto lo arreglo en dos patadas

Sentido común es indignarse cuando te toman por tonto.

País Estrafalario

La semana pasada Marianín el Babas se despachó con una panda de periodistas de por ahí fuera, cantando las excelencias del sistema político y judicial ex-panyol, y aparentemente los guiris se tragaron la mercancía sin pestañear. Malos, en general, son los pedorristas autóctonos, pero es evidente que la desinformación es aún más palmaria en los que vienen de fuera. Una de las principales razones que daba el deportista de sillón para apuntalar su discurso comercial era que aquí no tenemos “partidos estrafalarios”.

Hasta cierto punto, comprendo que su trabajo es vender la mercancía y decir que el olor a podrido no viene de la masa de gusanos que está intentando hacer pasar como entrecot de buey de primera calidad, le va en el cargo. Ahora bien, hay cosas que de puro increíbles traspasan lo ridículo y llegan a lo insultante. Tendría razón, sin embargo, si hubiera dicho que no tenemos partidos mucho más estrafalarios que el país de puta pandereta al que dicen representar. Voy a intentar enumerar unas cuantos ejemplos para apoyar mis palabras, a ver si tengo suerte y me sale algo mejor que a él.

Estrafalariez (perdónenme el palabro) uno: Tenemos una monarquía pringada hasta las trancas en saqueos varios a las arcas públicas y privadas a golpe de presentarse con toda la jeta en todos los lados pidiendo pasta porque son quienes son. Malo es que la cabeza coronada sea, constitucionalmente, inmune a todos los efectos, pero pretender que la nena se libre de las mangancias de su muy peeneuvista marido cuando, al menos, le jaleaba es de andar harto de ácido. Aún así se acabará librando, fijo.

Estrafalariez dos: El líder de la oposición es el tipo más indeseable que ha pisado el Congreso de los Diputados desde el advenimiento de la democracia. Incluso más que Tejero, que era un mandao que encima se columpió y se tiró al barro sin que se lo ordenaran. El partido que lidera es la tropa más corrupta, choriza, incompetente e inicua que jamás se ha permitido el lujo de dar lecciones morales a nadie mientras se lo llevan a manos llenas. Aún así siguen siendo la segunda fuerza política en intención de voto.

Estrafalariez tres: Tenemos un sistema educativo público carísimo y gratuito (¿comorrrrl?) que no para de fabricar analfabetos. Aún así todavía hay imbéciles que pretenden, y hasta consiguen, vendernos la moto de que es guay.

Estrafalariez cuatro: Tenemos un sistema sanitario aún más caro y más gratuito que el educativo, lleno de pluriempleados que se aseguran el empleo en el que más cobran a base de tener atascado el que más nos cuesta. Aún así todavía hay necios que defienden la bondad de estas sinecuras que no curan.

Estrafalariez cinco: Tenemos una prensa partidista, apesebrada, forofa, vocinglera cuando quiere y silente cuando le interesa que en general desinforma aún pretendiendo informar. Quizá más, si cabe, cuando pretende informar. Lo peor, encima, es que en general pretenden hacer ver que son independientes y que no están al servicio de la ideología o el partido de turno. Con los dedos de una mano, y probáblemente me sobren cuatro, se pueden contar los medios realmente privados que, por lo menos, no nos cuestan pasta a los contribuyentes mientras se dedican a defender sus posiciones políticas. Aún así seguimos pagando todos a los unos y a los otros para que sigan cocinando el pastel de heces y nos lo sirvan a diario.

Estrafalariez seis, la madre de todas ellas: Tenemos un Gobierno que ganó las últimas elecciones generales con un número de votos y diputados histórico, con un programa vago pero medianamente coherente, que una vez que sentó sus posaderas en la bancada azul del Congreso de los Diputados, y probáblemente unos minutos antes, se limpió el ojete con él y ahora se dedica a hacer lo contrario de lo que prometió a hacer, a amagar y no dar, a mantener un perfil bajo, a crear comisiones de estudio que no llegan a conclusiones, a anunciar reformas y a acochinarse en tablas en cuanto los voceros de la progresía dicen algo. Ya escribí hace tiempo que yo quería un gobierno de corte liberal pero me conformaba con uno democristiano, y que en realidad me he encontrado con unos socialdemócratas al dente que no paran de dar palos de ciego. Aún así son el primer partido en intención de voto.

Dudo que mi conclusión les interese lo más mínimo, pero si han llegado a leer hasta aquí digo yo que ya les dará igual aguantar durante unos caracteres más y llegar a leerla. Si es así, allá va:

Somos un país de mierda, tan estrafalario que a pesar de que ni tenemos gobierno, ni tenemos oposición, ni tenemos justicia, ni tenemos sanidad, ni tenemos monarquía, seguimos sin tener una alternativa viable a los meapilas acomplejados del PP.

Aún así, todavía hay que dar gracias de que Mr. Bershka tenga parte de razón y no haya aparecido todavía un salvapatrias modelo Berlusconi o aún peor que nos termine de descarajar lo poco que nos queda por salvar.

PS: No he añadido en las estrafalarieces a los tontos de la polla de los actores porque he decidido que además de no ver sus putas películas puesto que ya las pago, tampoco voy a hablar de ellos en una temporada. Estoy en modo mujer fatal y les voy a fustigar con el látigo de mi indiferencia.

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