Esto lo arreglo en dos patadas

Sentido común es indignarse cuando te toman por tonto.

Batas blancas para las ratas negras

 

Esto del blog ya nos tiene superados. Es un ejercicio terapéutico el de despotricar en privado, hasta que uno se da cuenta que a la nula carencia de talento para ello, se le une la carestía absoluta de tiempo para ponerse a la tarea. Esto resulta en malos textos y un atasco importante de personajes a los que afear, pero que le vamos a hacer, oiga: no vivimos de esto.

Para quitarme una cuenta del rosario de melones con que nos carga la casta política a los ciudadanos, voy a rezar un poco de otra no menos dañina: la de los funcionarios de la presunta salud pública.

Y como introducción, y con el fin de que el lector disfrute de verdad de la buena escritura en lengua española, me permito traer al mismísimo Licenciado Vidriera de nuestro nunca bien ponderado Miguel de Cervantes, y su opinión sobre los médicos malos, que en la mía, son la gran mayoría de los que controlan los grandes centros hospitalarios:

“porque no hay gente más dañosa a la república que ellos. El juez nos puede torcer o dilatar la justicia; el letrado, sustentar por su interés nuestra injusta demanda; el mercader, chuparnos la hacienda; finalmente, todas las personas con quien de necesidad tratamos nos pueden hacer algún daño; pero quitarnos la vida, sin quedar sujetos al temor del castigo, ninguno. Sólo los médicos nos pueden matar y nos matan sin temor y a pie quedo, sin desenvainar otra espada que la de un récipe. Y no hay descubrirse sus delictos, porque al momento los meten debajo de la tierra”.

Y ustedes me perdonarán, ahora me toca seguir a mí, ya que necesito un poco de desahogo.

Hace falta tener la geta de blindaje de carro de combate israelí para participar en las rebeliones autonómicas contra la privatización de la sanidad. Pero, ¿qué privatización? Miren, yo también estoy en contra, ya que es una privatización light, al estilo de la social democracia pusilánime del PP de Rajoy.

Muchas gracias por preocuparse ahora por mí. Les resumo mi breve mensaje: ahora que ya han vociferado un rato para salvarnos la vida, déjenme decirles que son ustedes unos sinvergüenzas provistos de una geta que ríase usted de las cabezas de Pascua (tamaño y dureza).

Tengan el valor de salir a la calle a protestar porque tienen miedo de perder ciertas prebendas de su trasero acomodado de funcionario. Las reformas de ciertas autonomías distan mucho de lo que muchos deseamos: déjenme a mí la libertad de pagar el hospital al que me quiera ir a morir, sin que me lo imponga su estupendo sistema del lugar donde esté  empadronado, toda una loa al sentido común dicho de paso.

No han mostrado la menor manifestación de preocupación por el hecho de que en diez años los costes sanitarios se hayan multiplicado, como mínimo,  por tres, con un buen pellizco de la tarta devorado por sus subidas salariales incluso con vacas flacas; este crecimiento del coste, sin parangón en cuanto a ingresos ¿a qué se les adivinaba insostenible pero a ustedes les importaba un carajo mientras no afectara su cartera?

No recordamos huelga alguna por la privatización de los servicios de vigilancia, mantenimiento, comidas, limpieza, entretenimiento, lavandería, cafetería, residuos, jardinería y riegos, y un largo etcétera e sus hospitales. Claro, es que esos son  compañeros de poca  monta, ¿verdad? Pues ahora se les estaría muy bien empleado tener que joderse.

No se les reconoce en manifestación alguna cuando las camas exceden los pacientes, contra los despidos de residentes e interinos que les pegan mil vueltas porque ellos sí tienen que ganarse una renovación; contra las listas de espera, el pago por recetas, la “externalización” de la atención hospitalaria y, de nuevo, un largo etcétera.

¿Cómo tienen ahora la desvergüenza de decir que van a la huelga por nosotros?

Ustedes nunca se han preocupado por nosotros.  Cuando nos despedían en el sector privado a decenas de miles por mes y a ustedes les subían el 4% el sueldo, no les oía queja alguna, más bien votaron en  masa borreguil  a la mano que les daba de comer.

Cuando he ido a sus hospitales, me he sentido degradado hasta límites incompatibles con la condición humana. He padecido su crueldad en primera persona, la he visto con familiares de otros pacientes, con todos los allegados que sufrían, y mil veces me he tenido que contener al verles disfrutar del placer de someter a sus congéneres, de ejercer su poder sin límites sobre ellos. Para mí era inimaginable pensarles capaces de acongojar a enfermos con represalias cuando sus familiares iban a los departamentos de “atención al paciente” a buscar consuelo, que no resarcimiento, para volver más humillados si cabe. Son ustedes la depravación de la condición humana precisamente en el que debiera ser el templo de su cuidado.

Miren, como en tantas otras ocasiones: no en mi nombre. Si estuviéramos preocupados, tal vez ya les habría acompañado alguna que otra persona ajena a su sindicato de terror, pero hasta las ratas serviles que pastan en otros sectores les han dejado solos. Váyanse con su cuento a tomar por el culo. Son ustedes unos golfos, unos vagos, unos maleantes, unas sabandijas y unos parásitos de la peor calaña. No solo son mentirosos e hipócritas, es que además tenemos que soportar en ustedes el efecto inmediato que el poder genera en las personas de naturaleza mediocre: su infinita crueldad. Verles faltar a su juramento sin pestañear les convierte en peores que los males a cuyo combate prometieron consagrar sus vidas. Menuda banda. Como para protestar para salvarnos. ¡Qué generosa panda de cabronazos!

Si de verdad están preocupados por nuestra calidad de ciudadanos, por nuestra salud y por nuestra libertad, reclamen nuestro derecho a decidir si pagar la mierda de servicio que nos dan al precio que el ejecutivo de turno nos lo cobra, o de irnos a la institución que nos podamos permitir y más nos convenga. Dicho sea de paso, ustedes y sus colegas funcionarios lo hacían a través de una Mutualidad prohibida para el resto de trabajadores. Tampoco protestaron nuca por esto.

Menos mal que tienen a Gallardón haciéndoles el juego sucio de las malas privatizaciones, de forma que le puedan echar en cara al gobierno social demócrata “rajoyano” el acabar con los servicios elementales públicos. Deberían hacer a partir de ahora el  juramento “gallardoniano”, incumplible por definición e inmune al perjurio por tanto. Les va que ni al dedo, amputado por supuesto.

¡Y estos son los que nos tienen que sanar!

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3 Respuestas a “Batas blancas para las ratas negras

  1. torpe-do 12/13/2012 en 17:56

    Hace muchos años que casi no utilizo la sanidad pública (aunque bien que la pago)

    Como todas las protestas desde el minuto cero de rajoy es, mayormente, política con un ligero trasfondo social para que cuele con los incautos que son mayoría en España, según parece.

    Por lo tanto, la parte médica es una excusa para la parte política y los ciudadanos de rehenes sin alternativas ya que si esto pasa con cualquier servicio privado, rescindes tu contrato, te vas con otro igual y santaspascuas.

    Aquí a jorobarse el que tenga programada desde hace tiempo una cita con el especialista, prueba diagnóstica o cirugía no urgente a aplazarla hasta dentro de ni se sabe.

    Como dice otro de los blogueros, señores sindicalistas-médicos: “que los emplumen a todos”

    • fufinski 12/13/2012 en 23:05

      Emplumarlos sería generoso.

      Como bien saben todos los lectores y amigos, mi espalda estaba hecha una mierda. Me operé por mi seguro privado. Desde el principio del proceso hasta el final, menos de tres meses, incluyendo todas las pruebas diagnósticas, preoperatorios, consultas, etc… Y estoy como dios, comparado con como me veía.

      Por el contrario, me metí una pequeña guaya en moto y me hice una pequeña fractura en la clavícula derecha. Cometí el error de ir a uno de los nuevos hospitales, precisamente uno de los que quieren privatizar. Ahora me duele más la clavícula que la chepa. Y el proceso completo fué más doloroso y coñazo que la fractura.

      Y el problema no son probáblemente los médicos, sino la lamentable organización y la incapacidad manifiesta de los organismos públicos para hacer que un vago trabaje, de los cuales hay miles en las empresas y organismos públicos, sean de la administración que sean.

      Valiente banda de projetas vagos. La mini-privatización pidiendo disculpas que pretenden no es suficiente para devolverles todo el mal que llevan hecho.

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