Esto lo arreglo en dos patadas

Sentido común es indignarse cuando te toman por tonto.

El Magister López

Hoy iba a escribir de otro asunto, pero el reconocimiento de la figura de un pícaro de cuidado, con los arcos del Acueducto de Segovia de fondo, allá donde termina el monumento en uno de los postigos de la maravillosa muralla de la ciudad, me ha hecho cambiar el asunto, seguramente como consecuencia de una variación brusca de la concentración de bilis en sangre.

He de reconocer que en esto la masonería, a través de Rubalcaba, homenajea presumiendo de sapiencia de literatura clásica española, a nuestra novela picaresca del siglo de oro, presentándonos al gordito en cuestión con el mismo linaje étnico y en el mismo escenario histórico, que los de sus célebres paisanos Don Pablos y Trapaza.

Y es que, si Quevedo o Alonso de Castillo Solórzano fueran de nuestros tiempos, pocas dudas tengo de que El Buscón o El Bachiller Trapaza de entonces sería El Buscón López, o mejor todavía el Magister López de hoy; hay que actualizarse: los bachilleres en Salamanca de cuatro centurias atrás, habrían estudiado hoy máster in England tras haber abandonado los estudios de derecho in la pública of Spain, que el pícaro sociata de nuestros días gusta más de exhibir título caro, fácil y en el extranjero, que barato, difícil y de aquí. Es por ello que se fue a Newcastle a become a magister y dejó la licenciatura en derecho que quería hacer después de pasarse 5 años “estudiando” mus, fancines y participando en los interminables comités y grupos “culturales” de la Facultad de “Ciencias” Políticas. Menos mal que el chico no eligió ingeniero de caminos, que se nos habría ido a la luna a buscar estudio alternativo.

Y es que el Magister y el Bachiller, encajan en el personaje como gotas de agua que llueven sobre la misma ciudad cada cuatro siglos; hasta se nos apellida Águeda de segundo, como homenaje a Zamarramala, villa y cuna de Trapaza.

López es una muestra del perfil del político de hoy. No ha trabajado en su vida en empresa alguna. Desde que lo fichara para el PSOE nada menos que el gran Pepiño Blanco,  modelo español de virtudes, no ha hecho otra cosa que medrar en la política hasta que otro personaje ejemplar de nuestra historia, Rubalcaba, lo convirtió en el número tres del partido y de paso, en su perro de presa. Y es que la estrategia del calvo barbado y bárbaro pasa por la regeneración de su imagen, aprovechando la memoria de pez del español medio, apareciéndose ante los ciudadanos como un político responsable y moderado, mientras maneja es estacazo a través de otro de los magníficos López de su partido.

La geta del amigo López es de registro mundial. Pena que no sea disciplina olímpica para mandarle con el choñi chandal de talla XLL que necesitaría, a Londres a ganarnos otra medalla. Primero se ahueca las plumas cual chaval con muchos estudios orgullo de familia de provincias. Luego adopta una pose solemne, soberbia, hierática, casi sobrenatural,  como si se hubiera escapado el Pantocrator de cualquiera de las magníficas iglesias que le rodean y le hubiera abducido por los poros de su tersa epidermis. Y termina por abrir la boca para no dejar de mentir cual bellaco, sin perder por un instante su imponente lenguaje corporal.

Y es que el pícaro de altura es así. No se le coge facilemnte en el embuste pues si se le observa vacilación, alerta a sus presas y se descubre su trama. La de este geta enorme no se me escapa a mi ni a unos cuantos millones que nos asombramos al ver como culpa al gobierno de España de unas medidas fruto en gran parte de su propia responsabilidad personal.

Nuestro López en cuestión podría haberme recordado a Domingo de Soto, a Teófilo o a algún otro de sus célebres paisanos si hoy hubiera criticado al gobierno por no haber empezado los recortes desmoronando el número de políticos y de funcionarios de libre designación hasta amoldarlos a las posibilidades del país, y por no desplomar sus retribuciones hasta donde la experiencia demuestra que llegan sus capacidades. No le he oído quejarse amargamente pidiendo que se  retiren las subvenciones a los partidos políticos. No le he escuchado  exigir que los recortes empicen por ahí, para dar ejemplo a todos del necesario sacrificio que se nos viene encima.

Tampoco le ha echado en cara que no meta mano a los dispendios sin fin de las comunidades autónomas, reinos del desmadre desde que su Rubalcaba del alma aprobara junto con el tontaina leonés, la Ley de Financiación Autonómica, que destruyó cualquier atisbo de exigencia de disciplina presupuestaria de sus cuentas. No ha pedido perdón por ello. No ha reconocido el error en nombre de su partido, de haber permitido a sus colegas politicuchos de cualquier signo político, el endeudarse hasta las cejas.

No ha demandado las listas abiertas, la participación ciudadana en la política a través de una mayor poder de representación, justo ahora que se pide a los súbditos pagar el pato de los desastres políticos.

No, el pícaro tienen claro su negocio: apelar a las emociones de los extremistas, de los desinformados, de los vagos y de los tontos de baba para desgastar como quiere Rubalcaba la imagen del oponente político, dejando al margen cualquier debate intelectual e interés de España. Y es que el chico jamás soñó con llegar tan alto. ¿Cómo vamos a aconsejarle nosotros que se desmarque de esa estrategia?.

Como dijo un escritor al que admiro, yo me cisco en la puta madre de gente como tú (tu madre una santa, eso sí, pero tú un hijo de puta), que va a vivir la crisis a cuerpo de rey, o de presidente de república si lo prefieres, a base de realizar críticas para las que no cuenta con ninguna legitimidad ética y moral y sin embargo, teniendo el enorme rostro de cemento de plantearlas de forma voraz.

Somos España, un gran pueblo castigado muchas veces por la inoperancia de sus gobernantes. Quiero decir que tengo pocas esperanzas de que gentes como Rubalcaba, tú y toda vuestra caterva, de paso a una regeneración completa de vuestro partido; de que aparezca una nueva ola de personas que nos permita tener una alternativa más allá de la carnaza hipócrita catapultada por vuestra prensa servil desde vuestros estaribeles hasta nuestras mesas, cada vez con más pan duro frente a tu jamoncito de Jose María.

Entre tanto, me consuelo con el buen gusto literario que ha tenido Rubalcaba al homenajear al género pícaro a través de este muchachote, un poco estropeado por el hecho de que Alfredo no haya conseguido disciplinarte en lo alimenticio, de forma que tu estampa redondeada y grasienta, de chavalote fuertote que no se priva de nada ni en el Palace ni en los restaurantes de la zona, se dé de leches con la de un alumno del Dómine Cabra, mucho más acorde con los tiempos que vivimos los ciudadanos de a pie.

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