Esto lo arreglo en dos patadas

Sentido común es indignarse cuando te toman por tonto.

25 años de paz

Hoy voy a ejercer de Abuelo Cebolleta y voy a contar una batallita. Estoy seguro de que es sólo el principio de una larga decadencia que hará que mis hijos y mis nietos, si alguna vez mis hijos llegan a darme nietos, levanten las cejas y hagan rodar los ojos hasta que sólo se vea blanco cada vez que me de por abrir la boca. Es ley de vida, qué le vamos a hacer.

Hace más o menos esos veinticinco años del título de la barbaridad de hoy yo andaba esquivando como buenamente podía la introducción de lo que entonces se llamaba “la reforma”, que hizo devenir el ya devaluado Bachillerato Unificado Polivalente en “eso” que dicen los chavales de ahora que estudian, cuando en realidad la gran mayoría de ellos lo que hacen es estar unos años estabulados y recibir un título de que han estado sentados de vez en cuando en un centro educativo durante los años suficientes para que se lo den. Centros educativos, por cierto, que nos cuestan una puta pasta gansa, bastante más de lo que les costó a mis padres mi paso por el sistema público educativo. Porque saben, por entonces, donde regalaban los aprobados y las notas era en los coles caros, y los jodidos eran los públicos, aunque luego había multitud de excepciones a la regla general, como ocurre en todas las épocas. De hecho, y como anécdota, el año que yo hice el Curso de Orientación Universitaria, de mi clase salieron las dos notas más altas de las pruebas de Selectividad de España. Por supuesto yo no fuí ninguno de esos dos, no se vayan a engañar. De esa misma clase salió también gente ya cuesta abajo en la adicción a las sustancias psicotrópicas y alguno que supongo que aprobaría sus oposiciones para entrar en el cuerpo de prisiones por el lado jodido, y eso, si cabe, revaloriza más que algunos fuéramos capaces de sacar la cabeza de aquéllo con menos medios, menos gasto por alumno y menos “enseñanza pública de calidad” en versión UGT-CCOO. Sobre el PREU, las reválidas y todas aquellas pruebas para separar al ingeniero del fontanero no me siento capacitado para opinar, puesto que no las viví, pero aún hoy, viendo ciertos temarios, tenían bastante más nivel que las que yo pasé.

Por aquellas mismas fechas ya hubo gente que en más de un sitio acabó tirando a la basura prácticamente dos cursos, entre huelgas de profesores, manifestaciones de alumnos, reformas Solano-Rubalcabianas y demás zarandajas, pero entonces, al igual que ahora, lo importante no era la educación y preparación del alumnado, sino el uso de la maleable y dúctil carne de cañón estudiantil para la consecución de otros fines mucho más interesantes para alguna gente. Yo conseguí ya entonces no participar de aquello, y quizá gracias a ello hoy día el corrector ortográfico tiene que trabajar duro para encontrarme faltas de ortografía, no necesito descalzarme para contar hasta más de diez y no me hace falta calculadora para saber que si nos suben los impuestos la economía va a empeorar.

Existe por ahí uno de esos principios con nombre de señor extranjero (aquí hace tiempo que interiorizamos el “que inventen ellos”) que dice que cada generación es más inteligente que la anterior, y aunque no tengo pruebas fehacientes de que así sea, sí me da la impresión de que pueda ser cierto. Entonces, si cada vez somos más inteligentes, cada vez seremos menos manipulables, a igualdad de preparación intelectual, digo yo. Ergo, para crear esta masa de borregos veinteañeros, estudiantes de enseñanzas medias y vociferantes, introducimos la Enseñanza Secundaria Obligatoria. Lo cual nos lleva a la inevitable conclusión de que aquella reforma educativa no era sino una magnífica maquinaria para crear células durmientes, en el más puro argot de la izquierda revolucionaria decimonónica, preparadas para que una vez superados los veinticinco años de paz y vacas gordas, y ante el absoluto descalabro de la izquierda en general, el mismo que participó en la siembra de aquellas semillas esté intentando recoger los frutos de su trabajo.

No me negarán que es una teoría de la conspiración equiparable a la del contubernio judeo-masónico originado en el Kremlin del tipo aquel que inauguraba pantanos.

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3 Respuestas a “25 años de paz

  1. torpe-do 03/01/2012 en 08:25

    Pues hombre, para que ayer fuera 29 de febrero, no está mal la teroría, pero creo que peca en un pequeño detalle: los protagonistas. Ningún político actual piensa más alla de las próximas elecciones. Ni los más maquiavélicos.

    Por eso, la mayoría se van e rositas, ya que ninguno a tenido que responder por sus gansadas a largo plazo.

    • fufinski 03/01/2012 en 09:56

      Es que a pesar de los pesares sigo siendo un poco inocente, y me cuesta pensar que puedan ser tan idiotas y cortoplacistas. Siempre intento buscar una razón para lo que ocurre, aún cuando sea una mala razón.

      • torpe-do 03/01/2012 en 10:03

        Basicamente, lo que hacen los políticos no difiere mucho del resto, casí todo está basado en nuestros prejucios. El único problema es que hemos dejado que tengan demasiado poder y control sobre nuestras vidas.

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