Esto lo arreglo en dos patadas

Sentido común es indignarse cuando te toman por tonto.

Una de champán

Según la hija del ex-juez Garzón, yo debería estar brindando con champán, porque celebro que el ex haya aparecido, por fin, delante de la profesión de su papá. Aún a riesgo de parecer desagradecido, voy a sugerirle a esta señora o señorita que haga alguna otra cosa que no voy a mencionar con la botella del champán que no me voy a beber, porque no me gusta el vinazo con gas. Si no le molesta, brindaré con agua del grifo, que aclara las ideas. Da mala suerte, lo sé, pero viendo la cantidad de años que ha costado librarse con el nefasto y politizado instructor que figura como padre de la niña en el libro de familia, ya creo que hemos tenido suficiente mala suerte en este aspecto. Brindaré, además, por que a su papi le caiga la condena más gorda posible en la tercera de sus causas abiertas, a sabiendas de que la segunda, la del certificado de defunción de Franco, no llevará a ningún lado en lo judicial, aunque resulte suficiente para calificar al ex-algo de tonto de la polla.

Por otro lado, el Chanquete del 11-M, el alcornoque del Manzano, se va de rositas por una argucia legal. Espero que los que seguimos pretendiendo averiguar lo que de verdad costó la vida a doscientas personas y destrozó la de muchísimas más tengamos alguna otra buena noticia en algún momento, puesto que la realidad es bastante más terca que lo que la verdad judicial dictamina. Aún así soy consciente de que será casi imposible que, aún conociéndose la verdad, los responsables lleguen a pagar por este desmán. Me bastaría el consuelo de poder saber por qué lloro exactamente, y que mis lágrimas no estén contaminadas por la rabia impotente de quien es tratado como un champiñón por quien debería defenderle de los malos y hacer que la verdad resplandeciera.

El otro día un lector me acusaba de pesimista tras leer alguna de mis barbaridades, y espero que el párrafo anterior le haya demostrado que no es lo mismo estar más cabreado que un mono cinocéfalo que ser pesimista. Tengo esperanzas de que, como llevamos casi toda nuestra historia haciendo, los españoles seamos capaces de sobrevivir y medrar incluso a pesar de nuestros tradicionalmente lamentables gobiernos.

Otro uso para la botella de champán con cuyo contenido no pienso brindar, por más que la pobre niñita me intime a ello, sería la de agarrarla por el cuello y darle unos toquecitos en todo lo alto del melón al actual gobierno para que despierte de una santa vez y se deje de pequeños pasitos en la dirección adecuada. Llevamos ya más partos de los montes en dos meses de legislatura que en siete años y medio de zetaperismo, y aunque mejor eso que nada, me temo que necesitamos algo más de valentía para que no llegemos a los seis millones de personas pasando toda la semana al sol antes de final de año. A ver si llegan rápido las malditas elecciones andaluzas y dejamos de usarlas todos como explicación para la inacción del Gobierno.

O eso o en abril empezamos a decir que es que claro, como se acerca la eurocopa…

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