Esto lo arreglo en dos patadas

Sentido común es indignarse cuando te toman por tonto.

Abulia

Miro las noticias y no veo ninguna buena. Ni casi mala. Siguen erre que erre con el balonmanista, con los navajazos entre sociolistos, con las elucubraciones sobre que el enigmático futuro presidente del gobierno hará o dejará de hacer, con el interminable rosario de visitas que éste recibe en la sede de su partido, con que si vivirá en la Moncloa o no, con que una panda de vividores han deliberado a cargo del contribuyente sobre el Valle de los Caídos que maldita sea la importancia que tiene a estas alturas.

Mientras todas estas naderías ocurren seguimos igual que estábamos, pero peor porque nada realmente útil para ninguno de los que ya están en paro ni para los que estamos mirando de reojo a la cola del INEM ha ocurrido. Porque los bancos siguen sin dar un pavo a nadie porque no lo tienen. Porque nadie que tenga un duro se atreve a arriesgarlo y prefiere tenerlo debajo de un ladrillo. Porque seguimos teniendo casi la misma legislación laboral que dictó Girón de Velasco a pesar de que el mundo ha cambiado un tantito así desde que tuvimos la desgracia de sufrir a este, para el desarrollo económico español, venenosísimo tipo. Porque tres hijoputas que no representan a nadie y cuya utilidad es salir en las fotos y no dar ni golpe han salido contentos de sus visitas a Rajoy. Porque seguimos en la incertidumbre más absoluta. Porque no sabemos nada.

En mi entorno laboral estoy en una situación de incertidumbre y desinformación parecida, y estoy ya francamente hasta los cojones de que me tomen por idiota o por inmaduro: Prefiero una mala noticia, o las que hagan falta, a tener que basar mi vida en conjeturas, rumores e interpretaciones de noticias parciales. Tanto lo que queda de España como yo tenemos capacidad para apretarnos el cinturón, agachar los hombros, meter los riñones y empujar como auténticos burros si nos explican claramente hacia dónde hay que empujar, pero es imprescindible que quien ha de guiar tanto las empresas como los países se deje de tácticas políticas y cálculos cortoplacistas y tenga la nobleza de hablar claro a sus empleados y a sus gobernados. Idiotas inmaduros los hay en todos los sitios, y tienden a ser los más ruidosos, pero si en la situación actual tenemos miedo a cuatro desarrapados y sus voces, apaga y vámonos.

Esta chorrada de hoy es una petición desesperada tanto a los directivos de mi empresa y la de mucha otra gente como a los gobernantes de esta ruina antes llamada España para que hagan su trabajo: Hablen claro, indiquen una dirección, tengan la valentía de equivocarse. Lo contrario es caer aún más profundamente en la abulia que ya impregna el ambiente.

Antes morir que perder la vida.

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