Esto lo arreglo en dos patadas

Sentido común es indignarse cuando te toman por tonto.

Viernes negro

Otro viernes más. Ya hace cinco días que depositamos el voto y sigue sin pasar nada de nada. Otros cinco días tirados a la basura mientras el ignominioso besamanos del que ya escribí hace meses se está produciendo a plena luz del día en la calle Génova de Madrid. Y digo yo que el voto de esos tipos con coche grande y chófer valen lo mismo que el mío y en cambio a mí nadie me recibe, me ofrece unos canapés y un cafelito y me pregunta mi opinión sobre lo que hay que hacer. Eso a pesar de que mi futuro y el de mis hijos dependen mucho más de que el baboso bershkiano haga lo que tiene que hacer que el de todos estos tipos de impecables trajes y corbatas. Estoy por mandarle el enlace a esta colección de barbaridades, porque lo mismo ignora que existe a pesar de la inmensa calidad de lo aquí escrito. Otra posibilidad menos probable es que conozca esta inagotable fuente de sabiduría y a pesar de la calidad y el peso de los argumentos que aquí se aportan se la soplen. A saber, porque el tipo es una enigmática esfinge.

Mientras tanto el imbécil y presuntamente “corruto” cucurbitáceo albino despliega su palmaria alalia para contarnos que se va pero que en realidad no se va porque si se fuera sería un fraude a aquellos que le han votado y le han elegido para seguir calentando escaño con sus egregias posaderas. Menudo campeón está hecho, el colega. Habrá que preguntarle qué gasolina usa para mantener su motor político funcionando. O eso o esperar a que por fin lo envíen al trullo por chorizo y mangonero.

Por otro lado, el marido de la balonmanista consorte tiene también un horizonte penal curioso, así como si estuviera su vista del mismo interrumpida por unas barras de hierro verticales. Ya hasta canta Matas en directo en la radio diciendo que no pero sí. Hay quien explica que la anoréxica mamá de las dos niñas no se trataba con las otras dos mamás de los ochocientos niños porque sabía que andaban metidas en chorizadas. Aquí el que no explica la teoría de las supercuerdas tras introducirse el dedo en el ojete y oler el resultado es porque no le arriman un micrófono.  Al menos los oráculos no lo son a cargo de mis impuestos. Algo es algo.

Al otro lado del Atlántico hoy es lo que llaman Black Friday, el día en el que más mercaderías se venden del año, con mucha diferencia, y ayer jueves fué el Thanksgiving Day. Aquí, en cambio, estamos dando gracias de que nos limitemos a tener un viernes negro más, y ya hemos perdido la cuenta de cuántos van, hay cinco millones y pico de personas que se tienen que pensar muy mucho lo que compran y somos muchos más los que también lo hacemos porque no sabemos cuantos viernes negros nos van a quedar por delante antes de que estos paniaguados gilipollas que nos gobiernan se dejen de traspasos de poderes y empiecen a intentar arreglar el desaguisado.

Puto país de mierda, cojones.

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