Esto lo arreglo en dos patadas

Sentido común es indignarse cuando te toman por tonto.

Animales precavidos

Todavía recuerdo cuando Pedro Pacheco decidió quedarse bastante corto en su calificación de la justicia (lo escribo con minúsculas adrede) española. Además de disfrutar de sus cinco minutos de gloria en la tele, al pringao en cuestión lo empuraron porque menudos son los de las togas manchadas con el polvo del camino cuando les tocan la moral. Es por ello que para el tema de hoy voy a tratar de no decir nombres y de mantenerme en generalidades, no vaya a ser que en un ataque de cuernos les de por embestir contra este pobrecito hablador, y no cobro lo suficiente para enfrentarme a multas.

Hoy asisto con asombro a una noticia emanada directamente desde un tribunal español, en el que deciden que no es despectivo ni sexista refererirse a la santa con el femenino del nombre común del Lycalopex Griseus, ni citarla a una reunión en un camposanto con ella en el interior de una caja de pino. Barbaridades que atentan al menos común de los sentidos provenientes de los tribunales de este país antes llamado España estamos ya hartos de verlas. Supongo que mis lectores recordarán que si la señora o señorita lleva minifalda no es violación, que Bildu son demócratas de toda la vida, que las vasquitas aquellas tan majas no tenían nada que ver con ETA, que lo de Rumasa fué totalmente legal, que los únicos culpables del 23-F fueron los cuatro gilipollas a los que condenaron y que encima se callaron como hembras del anteriormente mencionado animalejo,  que los autores del 11-M fueron los cuatro moros y los dos zumbaos asturianos, que el Faisán huele así porque ya estaba muerto, y así sucesivamente.

Lo más curioso de todos estos asuntos es que los nombres se repiten. No repetiré yo los nombres, porque todos los tenemos en la mente y porque no me atrevo, pero si indagan ustedes por el motivo de la gilipollez que hoy escribo verán un nombre tristemente famoso.  Y si se toman la molestia de seguir el rastro de las diferentes hazañas judiciales de los últimos treinta años verán muchos nombres que aparecen una y otra vez en las actuaciones más estelares perpetradas tras el estrado.

Hay cachondeos que no son nada divertidos.

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